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Mazatlecos Distinguidos

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La Compañía Orfeón Ángela  Peralta 


Artistas locales dirigidos por los maestros Francisco Martínez Cabrera y Adolfo Wilhelmy.

En la fila de atrás  der. a  izq. el primero de la derecha Don Ricardo Lorda Fernández  de la Riva

El tercero es Don Ernesto Lorda Fernández de la Riva .

Francisco Martinez Cabrera

Músico y promotor cultural.


 

          El profesor Martínez Cabrera llegó a Mazatlán, probablemente en 1897, como parte de la Compañía de Ópera Ciudad de Roma. Unos meses después de contraer matrimonio en Guadalajara, ya estaba de nuevo en el puerto apoyando a la Compañía de Opereta y Zarzuela Buxens. En su nota respecto  a las presentaciones de esta agrupación en el puerto, El Correo de la Tarde comentó: “Los coros excelentes. Los maestros Martínez Cabrera y González Gómez, celosos de, su reputación, dirigen con acierto las obras, sin embargo del ímprobo trabajo de concertar en pocos ensayos partiduras de importancia y tan variadas”.

Profesor Francisco Martínez Cabrera y Guadalupe Cota, Don  Ricardo Lorda Fernández de la Riva y Carmen Cota

Niña de pie:

Gloria “yoya” Lorda Lavín

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Enrique Sánchez Alonso 

“el Negrumo”


 compositor de la canción Culiacán


Acompañado de Pedro Careaga, solicitó al maestro Francisco Martínez Cabrera que incluyera su canción 

en el programa artístico de las fiestas patrias del 15 y 16 de septiembre de 1935, en el Teatro Apolo.

 

Martínez Cabrera aceptó la solicitud, y cabe a él haberle abierto la primera puerta al joven compositor culiacanense. 


Después del estreno formal, la tonada se fue imponiendo por sí sola, por sus cualidades de cantarle por primera vez a Culiacán.

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El profesor Francisco Martínez Cabrera


Quien dirigiera varios grupos de canto y fuera maestro de varias generaciones, presentó algunas obras de zarzuela en el desaparecido Teatro Apolo de esta ciudad Culiacán; entre las zarzuelas famosas que presentó, figuró una de los más gratos recuerdos dejaron: ‘’La Mariana’’ , cuyos participantes en esta obra se tomaron la fotografía que aquí insertamos, y en la que aparece el maestro Francisco Martínez Cabrera sentado al frente y parados en la primera fila de izquierda a derecha, están Juana Obeso, Manuel Acosta, Francisca Avilés, Ramón Martínez Carpio, Amalia Anaya, Manuel Ramírez, Verdugo (a) ‘’El Cerillo’’, Rosario Martínez, Guadalupe Alarcón y Rafaela Palazuelos. En las  filas de atrás y en el mismo orden aparecen Ramona Loaiza, Delfina Valenzuela, Marcelina Verdugo, Gerónima Urbina, Jesús Martínez, Alejandro Esparragoza, Esperanza, Rosa Esparragoza, Sofía, Adrián Castaños, José María, Rafael Rivas, Ignacio Palazuelos, Agustín Anaya, Manuel Valenzuela, Margarito, el Capi Cisneros y otros más que no pudieron ser identificados por escapar a la memoria de algunos compañeros. Varios de ellos descansan ya en paz pero algunos sobreviven a la época.

SINALOA, tierra pródiga de inspirados, músicos, poetas y pintores recibió en su capital al destacado maestro don Francisco Martínez Cabrera hace muchos años, quien viajaba con una compañía del género lírico, echando raíces atraídos por el paisaje humano, motivándolo a quedarse y ejercer su noble arte, sea un concierto de música de cámara o bien como maestro, modelador de generaciones de ejecutantes, instrumentistas y compositores.


De Figura erguida, blanca la tez, de caminar cancino aunque de mirada juvenil y enérgica, llegaba puntualmente a sus clases en la que fuera casa rosalina y que conocí como alumno de secundaria como Universidad Socialista del Noroeste.


Casa de estudios provinciana, en aquel lejano 1941 de una sola planta que cobijaba en sus aulas y frescos corredores a la muchachada que se inscribió en su secundaria, preparatoria, normal o bien los de cursos superiores, en las carreras clásicas de química, derecho o bien ingeniería, impartidas las materias por maestros con verdadera vocación y conocimientos, pichicatos en sus calificaciones porque siempre exigían más dedicación a los libros de texto a una minoritaria población estudiantil que a mucho orgullo sentían ser llamados colegiales por familiares, amigos o vecinos. 


En su calidad de maestro de cultura musical, que recibíamos invariablemente cada tercer día en lo que se llamó paraninfo, conocí a don Francisco Martínez Cabrera, quien nos llevó de la mano para el conocimiento de método de don Hilarión Eslava y aprendimos a solfear con el pentagrama a la vista, las clásicas cinco notas de la escritura musical.


Pero la semilla del saber ya la había depositado en otras aulas habiendo germinado milagrosamente para producir óptimas cosechas.

Con paciencia y sabiduría, en el internado del Estado famoso por que allí iban a parar los muchachos incorregibles en su conducta o bien sin recursos para similar las letras primarianas, formó don Francisco la primera banda sinfónica con imberbes que los culiacanecos de aquellos tiempos llamaron los ‘’azulitos’’ debido al color de sus uniformes, de modestas telas que obligadamente vestían y que para ello, los distinguían de los demás escolapios.


Dos veces por semana la banda de los azulitos daba serenatas en el kiosko de la plazuela de armas, rebautizada tiempo después por plazuela Obregón.


Sólo música clásica ofrecía a la sociedad la banda sinfónica, pero los números más solicitados lo fueron Caballería Rusticana y poeta y Aldeano que se mezclaban con otras del repertorio mexicano o bien música de maestros sinaloenses.


Don Francisco Martínez Cabrera, impulsado por su amor a la música, integró un cuarteto que en las célebres veladas literario-musicales organizadas por la Universidad, con prodigalidad entregaban su sensibilidad de artistas el propio Martínez Cabrera al piano; el Dr. Manuel Diez Martínez, virtuoso del violín; Manuelito Castro en el violoncello y Burgos en el bajo.


Era insuficiente el paraninfo para escuchar al cuarteto de música de cámara o la palabra culta y hondamente emotiva del Prof. Reinaldo González Jr., participantes en los fastos universitarios.


El maestro Refugio ‘’Cuco’’ Soto tiempo después se hizo cargo de la banda de los azulitos sin desmerecer la calidad de sus ejecutantes.


Anunciada la próxima inauguración de la segunda radiodifusora de Culiacán, perteneciente a la sociedad de Pablos y Elizalde que levantó estudios y planta transmisora en la finca propiedad de Selma Cohn de Castro, allá por el rumbo de El Coloso, hubo la invitación para que el maestro organizara un orfeón y tomara parte de la programación del día inaugural.


Y allí nos tenía, cantando mal, desafinados pero con muchos bríos ‘’Marchita el Alma’’ o bien ‘’La Norteña de mis Amores’’  entre los retirados: . . . ¡no, no, así no es! Del maestro que por momentos se impacientaba, entre otros incipientes artistas a los hermanos Ignacio y Matías Ayala Zazueta; José Mitl Guzmán, Jesús García ‘’ El Gordo Tyler’’ Severo Gutiérrez Beltrán y mi hermano Héctor Manuel entre los del recuerdo. Las voces femeninas, entre otras, a cargo de Cuquita Hernández, Lupita Achoy y Emerita García Inda.


Nuestra participación artística fue ruidosamente aplaudida por familiares y compañeros que se pusieron, éstos últimos, verdes de envidia por no haber sido llamados para el arte, aunque muchos no volvieron a los micrófonos por ser otras  inquietudes.


No fue larga la relación maestro-alumnos porque el curso de solfeo y canto fue de un año.


Solo recuerdo al maestro en compañía de su hija Esperanza, también pianista de reconocida calidad, que vivían en esa tranquilidad de espíritu propia de los elegidos, por el rumbo de la avenida Donato Guerra y calle Rosales, muy cerca del Congreso del Estado.


Desgraciadamente no se ha perpetuado la memoria de don Francisco Martínez Cabrera ni la del maestro Cuco Soto, desinteresados forjadores de músicos que en su tiempo destacaron para legítimo orgullo de los sinaloenses.

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Vemos aquí dos aspectos de aquella famosa típica de Culiacán formada en su totalidad por elementos trabajadores a quienes también el profesor Francisco Martínez Cabrera, dio amplias enseñanzas de música y canto y la cual actuó en muchas ocasiones en muy diversos actos en esta ciudad. Una de estas fotos corresponde al pórtico del Teatro de Culiacán y la otra al interior del patio del PRI. En aquellas aparecen Antonio Arias, Alfredo Maytonera, Francisco Volado, Manuel Ramírez, Luis Híjar, ‘’El Súcame’’, Rodolfo Sánchez, Agustín Corvera, Ernesto Cristerna, Jesús Ruíz, Ramón Martínez, Rafael Morales, José Corrales, Isaac Farjí, Ignacio Rodríguez y otros más.

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Martínez Cabrera también se preocupó por promover actividades artísticas profesionales en el puerto y, con el apoyo de la empresa que manejaba el Teatro Rubio,  traía al coso de la calle Carnaval a artistas y grupos de renombre nacional e internacional, en gira por el país, como la “Compañía de ópera italiana que ha conjuntado el conocido empresario Sillingardi”, proveniente de Nueva York, que previamente se había presentado en el Teatro Esperanza Iris de la capital de país, y que estaba integrada por “el tenor griego Petropulos Constantino, de la mezzo soprano Beatrice Eaton, de la bailarina rusa Lidia Nelidova y los cantantes Zuccarl e Ivan Dbeprof. Además de Vicente Viola y otros elementos nacionales de valía como el barítono Arturo Mondragón y del maestro director y concertador Ignacio B. del Castillo, quienes se unieron a la trouppe en la Ciudad de México”, la cual hizo una corta temporada en el puerto en noviembre de 1923.


Por supuesto no podía faltar tampoco la presencia de Martínez Cabrera en los Juegos Florales de la Feria Regional de Mazatlán en 1925, en cuya ceremonia dirigió la orquesta que el mismo formó y preparó para tan significativo evento cultural.

 

En la vida política mazatleca también tuvo participación marginal, pero relevante en su momento: fue Presidente de la JuntaPatriótica en 1919 y Regidor en el Ayuntamiento de 1922. 

 

En la década de los treinta y los cuarenta del mismo siglo, Martínez Cabrera residió con su familia en Culiacán, donde también se le recuerda con gratitud y respeto por sus aportaciones al enriquecimiento cultural de la capital estatal en ese tiempo.

 

 



         A partir de entonces, su presencia se volvió imprescindible en la ciudad en eventos culturales. Para 1904 su nombre aparecía como atractivo indispensable en la publicidad de los colegios como sinónimo de prestigio. Lo mismo daba clases de música en el Colegio Independencia que dirigía la Srita. Josefa Villegas o, de música y piano, en el Liceo Católico para Niñas. Por supuesto, por esas fechas ya se dedicaba a organizar orfeones y coros musicales varios, con distintos grupos de aficionados al canto de la ciudad. Joaquín Sánchez Hidalgo, en su libro “Mazatlán de antaño” recuerda como obra de Martínez Cabrera la formación de  una Compañía Infantil “con un conjunto de señoritas y jóvenes de la mejor sociedad de aquel tiempo”, con la que montó en Teatro Rubio la opereta española “Marina” y la Caballería Rusticanade Pietro Mascagni, en su primera aparición pública. Martínez conservó, por años esa compañía, renovando integrantes, para ofrecer, en el mismo teatro, variados programas de ópera y zarzuela, muchos de ellos promovidos para recaudar fondos con fines altruistas. A decir de Sánchez Hidalgo, personajes como Elvira Rivas, Ernesto Berumen, Martiniano Carvajal, Juan y Gabriel Maxemín, Rodolfo T. Loaiza, Gonzalo Arellano, Francisco Navarro, Juvencio Valadés y otros, se formaron en el plano artístico gracias a las enseñanzas musicales de Martínez Cabrera en sus primeros años en Mazatlán.

 

          Igualmente fueron numerosas la agrupaciones musicales que formó en el puerto a lo largo de los años, entre los primeros se cuenta un cuarteto constituido por los jóvenes Enrique Mora, Manuel Mora y Guillermo Haas hijo y el propio profesor Martínez Cabrera. Más tarde, “el Maestro creó en el antiguo Circulo Comercial Benito Juárez, una orquesta integrada por varios de sus socios; entre ellos […] figuraron: Jesús Rivas Piña, primer violín concertino; Joaquín y Andrés G. Avendaño y Francisco Alduenda, primero y segundo violines; el Maestro y Federico Guerra tocaban las violas; Victoriano Siordia, Jr., el violoncello; Edmundo Avendaño, la flauta y [Sánchez Hidalgo] el tololoche”, anotó el autor del libro “Venadolandia”. 

 

También se conserva en la memoria artística de Mazatlán el nombre del Orfeón Ángela Peralta que dirigía el maestro Martínez, integrado cincuenta voces que lo mismo se presentaban en la Iglesia Basílica(hoy Catedral) que en el Teatro Rubio. Pero, particularmente, se rememora a esta agrupación porque año tras año, mientras Martínez estuvo en Mazatlán, se presentaban en el Panteón No. 2, en el aniversario de la muerte del “Ruiseñor Mexicano”, para rendirle homenaje; “sobre su tumba [el orfeón] entonaba la marcha fúnebre de Chopin y ¡Oh! que pena”, narra Sánchez Hidalgo.

FUENTE:


Consuelo Pelayo Martinez (nieta)


Enrique Vega Ayala  Cronista Oficial de Mazatlán


Alfonso L. Paliza (revista Presagio)


Herberto Sinagawa Montoya


http://docsonline.com.mx/ssh/BibliotecadigitalSinaloa/Bloque%203/034.pdf  pagina 115



FOTOS:


Consuelo Pelayo Martinez (nieta)


profesor Hector Rojas Segovia (Academia Martinez Cabrera Mazatlán)



ARREGLOS


Gustavo Gama Olmos


24/10/2013